Queridos amigos:
Como en las últimas semanas hemos visto una (casi)absoluta
deserción de las aulas, nos hemos preguntado con cierta preocupación qué era lo
que estaba pasando. Finalmente, hemos descubierto –gracias a Josep Quetglas–
vuestro secreto. Os dejamos aquí lo que nos ha dicho:
“LÉELO Y PÁSALO.
1.
En la Escuela tienes a los mejores profesores. Cualquiera puede ir a
escucharlos, no importa curso ni horario. No pasan lista. Se sabe
inmediatamente que son los mejores, porque siempre están ahí cuando los
necesitas -apenas llegas y ya están a punto de empezar, sin faltar ningún día,
sin nunca llegar tarde-. Porque hablan a tu nivel -no son de esos que esconden
su inseguridad tras un lenguaje oscuro. Y porque, como más sabes, más te dicen.
Nunca se cansan de dar clase, no envejecen, no tienen la cabeza puesta en su
despacho o en el escalafón.
No conspiran entre ellos. Sólo viven para enseñarte arquitectura. ¿Que
de qué Escuela estoy hablando? De la tuya. ¿Que quiénes son esos rara avis? No, no son ninguna
minoría, son, al contrario, la mayoría de tus profesores. ¿Quieres nombres? ¿El
curso acaba y aún no te has apuntado sus nombres en el horario?
Son Le Corbusier, Aalto, Siza, Wright, Mies, Loos, Ruskin, Hejduk,
Smithson... Esa es la gente que da clase en tu Escuela. ¿No lo sabías? Si: te
están esperando en la biblioteca, para darte clases particulares.1
Cada día, al llegar a la Escuela, decídete: -«¿Con quién voy hoy a clase, con
Aalto o con el de Urbanismo, el de Proyectos, el de Historia...?»
Escoge. Deserta las aulas. No vayas a clase. Que queden vacías. Ve a la
biblioteca -ellos te esperan.
2.
-«Sí, y cuando me tenga que examinar, ¿qué pasa?»
Entiéndeme. Tus profesores de la biblioteca no son mejores porque sepan
más de arquitectura, porque hagan mejor arquitectura que tus profesores de
carne, huesos y halitosis. Eso sería relativamente sencillo.
Son mejores porque te enseñan mejor, porque con ellos aprendes más, te
vuelves más sabio, puedes más.
Y éste es el segundo motivo para aprender. No sé si te lo sabré explicar
bien. Más que un motivo es un instinto. Es un impulso, que hace que te entren
ganas y rabia por llegar a aprender, por saber. Procede del
siguiente modo: tú estás en clase, y oyes una voz que desde la pizarra
va hablando del hormigón, de los ensanches urbanos, de una silla de Rietveld...
Y te dices -«¡No podría hacer callar a este imbécil! ¡Cómo se atreve a hablar,
si no sabe lo que se dice! ¡Ahora yo debería levantarme y decirle todo lo que
no sabe!» Y te entran unas ganas irrefrenables de saber mucho de hormigón, de
la ciudad del XIX, de Rietveld, para comprender mejor que el otro. Por respeto
al hormigón, a la ciudad del XIX, a Rietveld, por respeto a los posibles
profesores cuyo puesto está ocupado por ése que habla, por respeto a tus
compañeros, por respeto a ti mismo, por odio a tus compañeros -que toman
apuntes-, por odio a ti mismo –que estás callado-, por odio al profesor -que
sigue hablando.
Creo que sin este punto de irritación, de intransigencia, de odio, no
hay aprendizaje.
Si te asusta el término y crees que eres cristiano, substituye «odio»
por «estímulo de competencia constructiva» -aunque, si eres cristiano,
recordarás a aquél que decía (Mt 10, 34-36): «No fueseis a pensar que he venido
a traer paz a la tierra. No he venido a traer la paz, sino la espada. Porque he
venido a separar al hombre contra su padre y a la hija contra su madre, a la
nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre serán sus familiares».2
Yo lo hice así con mis profesores -entiendo, por tanto, que así puedas
hacerlo tú también, y contigo cualquiera, ahora.
(1995)
1 Tienen otra ventaja: son más económicos. ¿Sabes cuántas ediciones de las
obras completas de Wright, Mies, Aalto y Le Corbusier, juntos, podrían
comprarse con el sueldo anual de uno solo de tus profesores de los de nómina?
2 En Lucas 12, 51-53, hay más: «¿Pensáis que estoy aquí para dar paz a la
tierra? No, os lo aseguro, sino más bien división. Porque, desde ahora, habrá
cinco en una misma casa y vivirán divididos, tres contra dos y dos contra tres.
Se dividirán padre contra hijo e hijo contra padre, madre contra la hija e hija
contra la madre, suegra contra la nuera y nuera contra la suegra».
Una vez descubierto vuestro secreto, esperamos ver los
frutos del intensísimo estudio que habéis hecho estas semanas en vuestros
trabajos.

